Mi Historia

Algunos de ustedes me conocen por mis años en Starbucks, pero muchos no conocen mi historia completa; por ello, a continuación les presento algunos momentos destactables

Orígenes

Nací en 1953, en Brooklyn, Nueva York.

Como muchos estadounidenses, nuestros antepasados fueron inmigrantes. Mi bisabuelo paterno, Max, llegó a los Estados Unidos desde Europa del Este en 1892 con 10 dólares en el bolsillo. No hablaba nada de inglés y trabajaba como sastre. Mi bisabuelo materno, Morris, llegó a Estados Unidos a inicios de 1890. Él era fabricante de barriles.

Tenía tres años cuando mi familia se mudó a un pequeño apartamento en uno de los proyectos de vivienda pública de Brooklyn en Canarsie, lo cual era la última parada en el tren "L" de la ciudad de Nueva York. Así crecí, como el mayor de tres hijos. Mi mejor amigo que vivía a la vuelta.

Ninguno de mis padres había terminado la secundaria, y después de que mi padre regresó de la Segunda Guerra Mundial, pasó su vida trabajando como obrero de baja paga. Él y yo tuvimos una relación complicada, y el mejor recuerdo que tengo de mi padre es estar sentado con él en el Yankee Stadium, viendo a nuestro héroe Mickey Mantle jugar al béisbol.

El recuerdo más fuerte de mi papá es él acostado en nuestro sofá, angustiado. Yo tenía unos siete años. Era invierno, y él trabajaba entregando pañales de tela. Se había caído en una placa de hielo se y se lastimó. Lo despidieron de su trabajo y no tenía seguro médico, indemnización para trabajadores ni ahorros. La imagen de mi padre en el sofá, indefenso, quedó grabada en mi mente.

La mayoría de la gente le decían "Bobbi" a mi madre. Creía fuertamente en el sueño americano, y fue mi madre quien me dio la confianza para creer que podía construir una vida mejor.

Muchos meses, a mi familia no le alcanzaba el dinero para pagar las cuentas. Me escapaba del caos familiar sentándome en la escalera entre pisos, imaginando una vida mejor. Mi otro escape era el deporte. Los patios de las viviendas subvencionadas se convirtieron en mi segundo hogar, y como adolescente pasé la mayor parte de mi tiempo libre jugando al baloncesto y fútbol en las pistas de concreto.

En la secundaria jugaba al fútbol y el deporte se convirtió en una potencial salida de las viviendas subvencionadas. En 1971, llegué a la Universidad de Northern Michigan, muy lejos de Canarsie, con la esperanza de obtener una beca de fútbol americano, pero nunca se materializó. Me quedé en la NMU y pagué la escuela con préstamos estudiantiles y trabajos de media jornada. Hasta vendí mi sangre por dinero cuando las cosas se pusieron realmente difíciles.

En 1975, fui el primero de mi familia que se graduó de la universidad. Lamentablemente, mis padres no pudieron asistir a la ceremonia de graduación por falta de recursos econmóicos, pero sabía que mi madre se sentía orgullosa.

En mi primer trabajo después de la universidad vendía equipos de oficina de puerta a puerta. Hacía hasta 50 llamadas por día. Me gustaba hablar con la gente y me iba muy bien. Siempre le daba la mitad de mi sueldo a mis padres. Mi primer trabajo me llevó a otros, hasta que trabajé para una empresa europea que producía artículos para el hogar. Uno de nuestros clientes era una empresa de café en Seattle, Washington, llamada Starbucks. En 1982, fui a visitar a los fundadores. Dentro de un año, dirigía el área de marketing de Starbucks y me había mudado a Seattle con mi esposa, Sheri.

Los años en Seattle

Sheri y yo nos casamos en 1982. Ella fue y sigue siendo el amor de mi vida. Nos conocimos en una playa, y rápidamente me enamoré de su inteligencia, su ingenio, su belleza y su espíritu generoso. Ella creció en un pequeño pueblo de Ohio, y su padre había construido un negocio exitoso de lavandería industrial. Sheri tenía planeado estudiar derecho, pero en su lugar, siguió su pasión y estudió diseño de interiores. En el verano de 1982 metimos todas nuestras cosas en el coche, y nos fuimos con nuestro perro Jonas al oeste, a Seattle.

Una parada en Mt. Rushmore durante nuestro camino a Seattle

En 1983, estaba de viaje en Italia por negocios cuando entré una tienda de café italiano y probé mi primer espresso. Quede fascinado con bebida, el barista que lo preparó y la atmósfera de la cafetería. En ese entonces las tiendas Starbucks sólo vendían café de grano y no tenían asientos. Tuve una visión para crear tiendas de café de especialidad que integraran el romance del espresso y ofrecieran un lugar común para la comunidad. Los fundadores de Starbucks, sin embargo, no les interesaba mi idea.

Me fui de Starbucks para abrir mis tiendas de café de especialidad. Pero no tenía dinero. Durante un año, Sheri y yo vivimos de su sueldo mientras intenté recaudar fondos. Escuché la palabra "no" más de 200 veces, pero con el tiempo, mucha gente creyó en mi visión e invirtió en mí y el negocio. ¡Fue una epoca increíblemente emocionante y desafiante! En 1987 teníamos 3 bares de espresso que se llamaban Il Giornale.

No tenía pensado construir un negocio global. Quería crear el tipo de empresa en la que mi padre nunca tuvo la oportunidad de trabajar. Una que tratara a todas las personas con dignidad.

La imagen de mi padre inmóvil en el sofá, después de su accidente, se quedó conmigo. Al igual que el miedo de no tener seguro médico. Poco después de que se murió, en 1988, Starbucks se convirtió en una de las primeras empresas en los Estados Unidos en dar seguro médico a todos sus empleados, incluso los trabajadores de tiempo parcial, algo sin precedentes en ese momento, especialmente en esa industria.

De joven, conocía bien la sensación de no tener dinero. Mis padres nunca fueron dueños de nada, ni tenían ahorros. En 1991, Starbucks se convirtió en la única empresa que conocíamos que daba participaciones a todos sus empleados. Al programa lo nombramos Bean Stock. Desde su creación en 1991, y desde que Starbucks se hizo público en 1992, Bean Stock ha generado más de $1.5 billones en ganancias brutas para baristas y directivos ayudándolos a realizar sueños como comprarse una casa o un coche, eliminar deuda o pagar una boda.

Hicimos las dos cosas a finales de los ochenta y principios de los noventa, y nunca dejamos de ser una empresa diferente.

Uno de mis beneficios favoritos ha sido el Plan Universitario de Starbucks. En 2014, Starbucks y la Arizona State University crearon el primer programa de este estilo para brindarles a los empleados una educación universitaria gratuita. En la primavera de 2019, más de 3,000 empleados de Starbucks se habían graduado. Veinte por ciento de los que participaron en el programa eran como yo, los primeros en sus familias que asistieron a la universidad.

Más Información Sobre Mi Familia

A medida que Starbucks iba creciendo, nuestra familia tambíen crecía. Nuestro hijo, Jordan, nació en 1986 y nuestra hija, Addison, en 1989. Actualmente, Jordan es periodista deportivo y Addison es trabajadora social. Lo que más me enorgullece es que se han convertido en adultos amables, generosos y trabajadores. Cada uno se casó con alguien que comparte sus valores y, por suerte, el amor a los perros. Nuestra familia unida sigue creciendo.

Sheri no sólo es una esposa, madre y abuela maravillosa, sino que durante años ha sido el corazón y la fuerza detrás de la Fundación de la Familia Schultz, la cual se centra en ayudar a que jóvenes, veterános, familias militares y otras personas accedan a oportunidades como la educación y el empleo. Los dos hemos vivido el sueño americano, y creemos que es nuestra responsabilidad ayudar a otras personas a hacer lo mismo.

Mirando hacia atrás: transformamos el negocio para lograr un crecimiento y rentabilidad sostenible, siempre manteniendo nuestros valores. Lograr que una empresa crezca requiere trabajo en equipo, y pasamos por decisiones y períodos difíciles. En el año 2000, dejé de ser CEO y me convertí en Presidente del Consejo, pero volví en el 2008, cuando la empresa estaba pasando por un momento difícil. En 2018, Starbucks obtuvo el 5to lugar en la lista hecha por Fortune de las empresas más admiradas del mundo del 2018 y 2019.

En 2018, me fui oficialmente de Starbucks y me convertí en Presidente Emérito, pero los 3 millones de personas que han trabajado para Starbucks por décadas nunca están lejos de mi corazón. Juntos, hemos construido una empresa que logra el frágil equilibrio entre ganancias y responsabilidad de la cual mis padres estarían orgullosos.